La práctica del Yin Yoga

La práctica del Yin Yoga
Por: Gloria Godínez | Apr. 10, 2013
El cuerpo también participa de estos elementos yin y yang. El yang corresponde a los músculos, tendones y a su movimiento. El yin corresponde a los huesos, ligamentos y a la quietud.
En el Yin Yoga las posturas son relativamente sencillas y se concentran en la apertura de cadera y pelvis, así como en el estiramiento de rodillas y columna. En una práctica yin se trabaja a nivel profundo anatómicamente hablando, es decir, que por medio de la relajación y el uso natural de la fuerza de gravedad del propio cuerpo, se llega a la máxima apertura ósea en cada postura.
Entre los beneficios que aporta el Yin Yoga, están la regeneración del tejido conectivo, la apertura de articulaciones, así como la alineación y el ajuste de nuestra estructura ósea. Con los largos períodos de tiempo que empleamos para cada postura reducimos ansiedad, tensión y estrés.
Hay quienes sostienen que la práctica yin no es un nuevo estilo sino un retorno al Yoga como meditación, como unión. En cualquier caso, para realizar una práctica de Yin Yoga hace falta una actitud yin: meditativa, pasiva y de observación. Intenta observarte como alguien ajeno, observar al cuerpo es escuchar, es no juzgar.
Gloria Godínez es profesora de yoga en Gaia.
La esencia del movimiento

El estilo Vinyasa se ha convertido en los últimos años en uno de los más populares, tanto en los centros de yoga como en las redes sociales, como Instagram o Youtube. Por todas partes podemos ver espectaculares vídeos y secuencias de yoga que muchas veces imitamos en casa sin la supervisión de un profesor.
Sin duda, es uno de los estilos más estéticos visualmente y su práctica, junto con la de Power Yoga o Asthanga, muy física y dinámica, tal vez conecta más con la idea del ejercicio que tenemos en Occidente.
Pero esto conlleva un riesgo: alejarnos de la esencia del yoga en cualquiera de sus estilos. De esa imprescindible y necesaria conexión entre cuerpo y mente, de esa ausencia de competición o ego que a veces nos lleva, tanto a profesores como alumnos, a querer hacer las clases más exigentes o complejas, o las posiciones más bonitas o estéticas, convirtiendo las clases, más en ejercicios gimnásticos o acrobáticos, que en verdaderas prácticas de yoga adecuadas a nuestras posibilidades y necesidades.
Como os decía, esto ocurre sobre todo cuando practicamos estilos como Vinyasa flow o Power yoga, donde la rapidez o la exigencia física nos pueden llevar no sólo a descuidar la técnica sino a desconectarnos de la respiración y hasta de nosotros mismos. ¿Qué queda entonces? Puro ejercicio físico, prácticas que pueden llevarnos a la extenuación física, a las lesiones y a la frustración, a pensar incluso que el yoga no es algo apto para nosotros. Y es una pena, porque de esa unión entre cuerpo, mente y espíritu que busca el yoga es de donde surgen precisamente todos sus beneficios.
Por eso en la práctica “Vuelve a la esencia del movimiento” os propongo parar, sentir, conectar en todo momento con la respiración y, sobre todo, disfrutar. De vuestro cuerpo, de las sensaciones y de vuestra práctica, sea cual sea. A través de esta secuencia os invito a estar conscientes de vuestra postura y especialmente de vuestra respiración para poder acompasarla con el movimiento, porque eso es realmente vinyasa.
En esta práctica y en cualquier otra que realices, tómatelo con calma, céntrate en lo que sientes en cada momento, muévete al ritmo que tú necesites, párate a hacer los ajustes necesarios en cada postura y escucha a tu cuerpo. Sólo así podrás viajar hacia tu parte más espiritual y descubrir los enormes beneficios mentales y emocionales que te aporta la práctica del yoga.